Isa
El pasillo del hospital todavía huele a desinfectante cuando salimos. Camino despacio, obligada por el mareo que aún siento, pero también por la tensión invisible que envuelve mis hombros como una soga. Gabriel está a mi lado, su mano firme en mi espalda baja, guiándome, protegiéndome… o controlándome.
No lo sé. No puedo descifrarlo. No después de todo lo que ha ocurrido hoy.
Mantengo la mirada fija en el piso para no enfrentarlo. No estoy preparada. No después del beso de Adrián. No despué