Gabriel
El teléfono vibra en mi bolsillo justo cuando estoy firmando los últimos documentos de la reunión. No debería responderlo; odio las interrupciones, y todo el mundo lo sabe. Pero una mirada fugaz a la pantalla hace que se me hiele la sangre.
¿Pero qué demonios?
Hospital Central de Firenze — Emergencias.
La voz de la recepcionista suena temblorosa cuando respondo:
—¿Señor Moretti?
—Sí —digo, y mi propia voz ya no me pertenece—. ¿Qué ocurrió?
—Su esposa… la señora Isabela Moretti… ha sido i