Isabela
Nunca pensé decir esto, pero me encanta ser la señora Moretti.
Gabriel es tan distinto a todo lo que creía y mis sentimientos son cada vez más intensos que me tienen nerviosa de una manera que me asusta u me emociona.
Y es por eso que hoy bajo con una misión especial en mente.
La mansión suena distinto cuando amanece.
No es silencio, no exactamente. Es el murmullo de una casa que respira: pasos lejanos, una puerta que se abre, el tintinear de una taza contra un plato. Antes, estos sonidos me parecían ajenos, como si yo fuera una visitante permanente. Hoy, por primera vez, siento que me pertenecen un poco.
Camino descalza por el pasillo, todavía con el cabello húmedo, siguiendo el olor a café. La luz entra por los ventanales altos y dibuja líneas doradas sobre el mármol. Todo es demasiado perfecto… y aun así, hay algo cálido en esta quietud.
—Buenos días, señora Isabela —saluda Giana desde la cocina.
Sonrío. Todavía me cuesta acostumbrarme a ese “señora”. Y por más que le he p