Gabriel
El sonido todavía me persigue.
El corazón sigue latiendo desesperado en mi pecho y el miedo y la furia solo van en incremento mientras la imagen se repite en mi mente:
El golpe seco de la puerta corrediza de la camioneta al cerrarse.
El chillido de las llantas contra el asfalto.
El grito de Isabela, ahogado, arrancado de su garganta como un animal herido.
No reaccioné a tiempo.
Ese pensamiento me atraviesa una y otra vez mientras corro por la acera, como si todavía pudiera alcanzarla, c