Isa
No alcanzo a gritar su nombre.
No porque no quiera, sino porque una mano enorme me tapa la boca con brutal precisión, como si hubiese practicado este movimiento mil veces. El mundo se vuelve ruido y forcejeo. El café, la acera, el cielo, todo desaparece cuando me levantan del suelo y me empujan dentro de la camioneta.
El golpe es seco. Metal contra cuerpo.
La puerta se cierra de un portazo y el sonido retumba dentro de mi cabeza como un disparo. El vehículo arranca de inmediato, sin vacilac