Isa
Llegar nuevamente a la empresa Moretti es como entrar en un mundo paralelo. Uno frío, silencioso y perfectamente alineado… excepto por el hecho de que yo, Isabela Sant—Moretti, sigo sintiéndome como una intrusa en medio del imperio de Gabriel.
Tal como la primera vez, Gabriel mantiene su paso seguro, firme, con esa autoridad silenciosa que parece abrir puertas con solo existir. Algunos empleados lo saludan inclinando apenas la cabeza; otros se tensan al verlo, como si su presencia elevara la presión del aire. Y aun así… hay un respeto hacia él que yo no esperaba.
Y lo peor es que él parece notarlo todo: cada mirada, cada gesto. Incluso los míos.
Estoy aprendiendo a reconocer esa atención suya: no es amable, no es suave, pero sí es intensa, constante. Como un rayo láser sobre mi piel.
Yo voy a su lado con una carpeta en la mano intentando sentirme normal, intentando no pensar en el beso que compartimos antes en la fundación.
Un beso que todavía me arde en la boca.
—Entra— dice él al