Gabriel
No sé qué demonios me pasa.
Aunque una parte de mi cerebro me dice que la verdad es que sí lo sé… simplemente no quiero admitirlo. Pero eso es algo en lo que no quiero pensar ahora mucho menos profundizar.
Tengo cosas mucho más importantes de la Que ocuparme, como por ejemplo la revelación que acaba de salir de mi boca.
Las palabras que acabo de decir —quiero que me conozcas, quiero que este matrimonio deje de ser falso— salieron de mi boca más rápido de lo que debieron. No estaban en el plan. No así. No tan… suaves. No tan reales.
Pero la necesito cerca.
La necesito confiando en mí.
La necesito bajando la guardia para así poder sembrar todo lo que quiero contra su padre.
La necesito convirtiéndose en la llave que abra las puertas que lleva toda su vida intentando cerrar.
Así que mantengo mi rostro impasible, como si todo lo que dije hubiera sido frío cálculo, y no el torbellino contradictorio que me ha dejado ese maldito beso.
—¿Quieres… que te conozca? —repite ella, como