Isa
No me da tiempo de siquiera ordenar los pensamientos.
Todavía tengo el sabor de su boca en la mía, todavía siento sus manos firmes sosteniéndome por la cintura, todavía tengo las rodillas temblando cuando Gabriel suelta, con esa voz baja que se me mete debajo de la piel:
—¿O preferirías que fuera alguien más el que te besara?
Me congelo.
Literalmente, me quedo sin aire.
¿De todas las cosas que podría haber dicho después de un beso así, tenía que salir con esa estupidez?
—Eres un idiota —esc