Isa
Gabriel sale del despacho sin dar demasiadas explicaciones, solo un seco: «Espera aquí. No tardaré».
La puerta se cierra y el silencio cae como una sábana pesada sobre la oficina.
Me quedo sentada en la orilla del sofá, con la mano vendada apoyada sobre el regazo y los labios todavía sensibles. Siento el pulso molestamente acelerado, como si el beso siguiera pasando una y otra vez en loop dentro de mi cabeza.
Quiero que me conozcas.
Quiero que este matrimonio sea menos falso.
¿Quién demoni