Isa
Regreso a la mansión con un nudo en el estómago que no se va.
Lo que se suponía que iba a ser una tarde relajante con los niños de la fundación terminó siendo un desastre.
Otra vez. Estoy harta de esto.
El trayecto se me hace eterno, aunque no diga una palabra. Los hombres de seguridad permanecen atentos, demasiado atentos, como si en cualquier esquina pudiera volver a aparecer ese lente apuntándome. Intento convencerme de que exagero, de que tal vez todo está en mi cabeza… pero el recuerdo del obturador, del reflejo del vidrio, de la silueta alejándose, no me deja.
No estoy bien.
Y eso me enfurece.
No quiero sentirme así. No quiero tener miedo.
Lo único que me alivió de este matrimonio fue el hecho de que saldría de casa dejaría de vivir con miedo, pero ahora sea quien sea el maldit0 acosador ha hecho que me sienta igual que cuando vivía con mi padre.
Entro a la casa y el silencio me recibe con una calma que no es real. Subo las escaleras despacio, me quito los zapatos, dejo e