Gabriel
No duermo.
O, al menos, no como debería.
Se supone que esta idea de que Isabela durimera en la habitación conmigo era para tenerla vulberable y con la guardia baja, pero me ha explotado en la cara por completo, porque si en algún momento pensé que podía pasar de ella, entonces no sé que demonios pensaba.
Estoy despierto desde hace minutos —tal vez horas— con el cuerpo rígido y la respiración controlada, consciente de cada centímetro de la mujer que duerme contra mí.
O al menps que creía que dormía, hasta que veo como su cabeza se inclina y sus ojos adormilados se fijan en mi.
—No... ¿No puedes dormir?—pregunta, y el hecho de oír su voz ronca y tenerla tan cerca me hace imaginarme escenarios no aptos para todo el mundo.
—A veces me cuesta un poco, pero no pasa nada, tu deberías descansar.
Ella me mira un momento más y entonces contra todo pronóstico se acerca más a mi. Tanto que siento su cuerpo totalmemte contra el mío.
—Cuando yo no puedo dormir me pongo a hacer listas... tal