El papel tiembla entre mis dedos.
No es grande. No es ostentoso. No hay logos ni sellos.
Solo letras negras, firmes, escritas con la seguridad de quien sabe que tiene poder.
Te veías hermosa esta noche.
Y te verás aún más hermosa cuando seas mía.
El aire se me queda atrapado en los pulmones.
Siento un frío extraño subir desde el estómago hasta el pecho, como si alguien me hubiera abierto por dentro y dejado entrar la noche. Mis dedos se aferran al borde de la cama, necesito apoyarme en algo por