Gabriel
Nunca había huido de mi propia casa, como lo he estado haciendo en los últimos días, pero es que luego de la conversación con Luke y el casi beso con Isabela, necesito concentrarme.
Sigo sin poder encontrar la forma de filtrarme en la red de información del put0 de Santorini y sin eso, no hay otra forma de acabar con el soborno, que usando a Isa.
El teléfono vibra sobre la mesa de juntas, donde llevaba más de una hora revisando informes que ni siquiera estoy leyendo. Estoy tratando de concentrarme, pero mi cabeza sigue volviendo a la imagen de ella sentada en la cama… con los ojos rojos… respirando contra mí… tan cerca que casi—
No.
No puedo volver a pensar en eso.
Respiro profundo, paso la mano por mi mandíbula tensa y atiendo sin mirar quién llama.
—¿Qué pasa? —respondo serio.
La voz de Dante, mi jefe de seguridad suena alterada al otro lado.
—Señor Moretti… la señora Isa está pidiendo salir.
¿Qué? Pero es que esta mujer no aprende, carajo.
—¿Salir a dónde? —gruño.
—Dice que