Isa
Despierto al tercer día de reposo médico con la sensación de estar atrapada en una pecera demasiado pequeña. El vendaje en la cabeza ya no duele, pero la quietud, el encierro, la soledad… eso sí está empezando a volverme loca. Me incorporo con cuidado, respiro hondo y observo la habitación: la mansión Moretti siempre parece un museo, pero cuando estás encerrada en ella tres días seguidos se siente como un mausoleo. Uno donde yo soy la exhibición central.
Me obligo a levantarme, a vestirme y