En el interior de la cabaña, el fuego crepitaba suavemente en la chimenea, proyectando una luz dorada sobre Sech e Isis. Él la tenía entre sus brazos, esperando su confesión con una mezcla de deseo y ansiedad.
—Sech, yo también quiero estar contigo —dijo Isis, su voz temblaba ligeramente a pesar de la calma que Keyra le infundía—. Pero hay algo muy importante que tengo que decirte... antes de que esto avance, debes saberlo.
Ella tomó una bocanada de aire, sus ojos fijos en los de él.
—Yo... y