El vapor aún flotaba cuando Sech cerró la mampara y se pegó a la espalda de Isis, rodeándola con los brazos como si no quisiera dejar ni un milímetro de espacio entre ellos.
—Oye, tú… ¿te estás escondiendo o qué? no recuerdo haber recibido invitación para acompañarte en la ducha —susurró contra su oreja, mordisqueándosela suave.
Isis soltó una carcajada bajita y se retorció un poco.
—¿Yo escondiéndome? Tú eres el que ha entrado como ninja, ha, y mi esposo no necesita invitación, Creía que esta