Diez años habían transcurrido desde aquella noche inolvidable en que Luna emitió su primer aullido bajo la luna llena. El reino había florecido en una era de verdadera unidad: las fronteras se fortalecieron con tratados de paz duraderos, las manadas que antes se miraban con recelo ahora compartían cacerías y consejos, y el Palacio de las Sombras Eternas se había convertido en un símbolo vivo de esperanza. Altea, con su sabiduría eterna y sus manos expertas en hierbas, seguía viva y activa a sus