Capítulo 44. Salgamos. De verdad
El corazón me dio un vuelco.
—¿De verdad? —pregunté, la voz temblorosa.
—De verdad.
Me acerqué. Me puse de puntillas. Lo besé yo esta vez. Suave al principio, luego más profundo. Sus manos subieron a mi cintura, me apretaron contra él. No había urgencia animal como la noche anterior. Solo ternura. Calor limpio. Promesa.
Cuando nos separamos, sonreí contra su boca.
—Vale —susurré—. Salgamos. De verdad.
Él sonrió también. Una sonrisa completa, sin reservas.
—Trato hecho.
Volvimos al coche. El sol