El silencio después de que Sebastián se alejara fue más pesado de lo que esperaba.
Me quedé allí parada en la acera varios minutos, con el bolso apretado contra el pecho y una mano protectora sobre mi barriga. El sol de la tarde seguía brillando, pero yo sentía frío. Un frío que nacía desde dentro.
“Seguimos casados.”
Esa frase no dejaba de repetirse en mi cabeza mientras caminaba de vuelta al apartamento. No era solo un trámite retrasado. Era una realidad que se extendía frente a mí como un ca