Todas las mujeres retrocedieron un paso, como si de pronto el aire se hubiera vuelto más denso y difícil de respirar. Sus miradas se cruzaban entre sí, buscando apoyo, pero ninguna se atrevía a dar un paso adelante.
La acusación flotaba en el aire, pesada y cortante, y parecía hacerse más grande con cada segundo que pasaba.
Pero entonces, como un relámpago entre la tensión, Alicia rompió el silencio. Su voz temblaba, pero estaba llena de convicción y un enojo que hacía eco en todo el salón.
—¡El