Kelly dio un paso al frente, los puños apretados con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
El rostro, desencajado por la furia, parecía haber perdido toda contención.
Durante un segundo eterno, pareció dispuesta a lanzarse sobre Elyna y golpearla sin medir consecuencias.
Varias madres contuvieron el aliento; el ambiente estaba tan tenso que bastaba un movimiento más para que todo estallara.
Entonces, un grito infantil rasgó el aire.
—¡Mami…! —se oyó desde uno de los rincones del