Julián abrió los ojos con dificultad. El dolor le atravesó el cuerpo como una descarga lenta y persistente, pero aun así, al verlas frente a él, no pudo evitar sonreír. Sus labios se curvaron con una mezcla de desafío y terquedad que lo definía demasiado bien.
—No voy a morir —murmuró con voz ronca—. No se desharán de mí tan fácilmente.
Elyna sintió que el aire regresaba a sus pulmones.
La angustia que había estado oprimiéndole el pecho desde el ataque se aflojó apenas un poco, lo suficiente par