El sótano de la mansión Altamirano, estaba sumido en una penumbra opresiva.
Julián sostenía la pistola con una firmeza aterradora, el cañón frío apuntando directamente a la frente de Gerardo.
Johnson, el hombre de confianza de Julián, dio un paso atrás, permitiendo que el verdugo hiciera su trabajo.
Con un gesto brusco, Johnson le quitó la venda de la boca al prisionero.
Gerardo inhaló desesperadamente, sus pulmones quemando por el aire rancio, y su voz salió en un hilo de terror puro.
—¡No me m