Elías tomó a Alma de los hombros, mirándola con terror.
Su rostro mostraba una mezcla de miedo y urgencia, como si cada segundo que pasara significara la diferencia entre la vida y la muerte de su familia.
—¡¿Qué le pasó a mi familia?! —exclamó, con la voz quebrada, apretando los hombros de la asistente—. ¡Dime qué pasó!
Alma tragó saliva, intentando mantener la calma. Su corazón latía con fuerza.
—Señor Senegal… lo necesitan en casa… es urgente —dijo con rapidez, consciente de que cada palabra