Lucero no pudo soportarlo más, alzò su rodilla y golpeó en la hombría del hombre con todas sus fuerzas.
Entonces, el hombre chilló y gritó cayendo al suelo, retorciéndose del dolor.
El sonido rompió el silencio del lugar.
En el suelo, Diego se despertó sobresaltado.
—¡Mami!
Davos se quejaba del dolor, pero cuando pudo levantarse, se acercó, a ella, mientras Lucero retrocedía.
De pronto, la abofeteó.
El niño chilló más fuerte. Lucero sintió el dolor fuerte.
El corazón de Lucero se partió al escu