—¡Elyna…! —gritó Esteban.
—¡¿Qué sucedió?!
La voz de Luisa irrumpió en la habitación sin pedir permiso, observó la escena incrédula, sorprendida, no lo esperaba.
El lugar parecía detenido en el tiempo, como si el desastre acabara de ocurrir un segundo atrás.
Los pasos de Luisa se frenaron en seco al ver el brazo de Kelly: la piel enrojecida, inflamada, con una herida abierta de la que la sangre descendía lentamente, formando un hilo oscuro que contrastaba con su piel pálida.
Luisa tragó saliva y