En el quirófano, Gabriel luchaba por su vida.
Las puertas permanecían cerradas, y la luz roja encendida mantenía a todos en silencio. Nadie hablaba demasiado.
Cada minuto parecía largo. Verónica se llevó al bebé a la mansión Altamirano para que pudiera descansar lejos del hospital. En el pasillo solo estaban los adultos de la familia. Elyna y Juliano no habían llegado todavía.
Lucero permanecía sentada, con la mirada fija en el suelo. No decía nada.
No tenía fuerzas para explicar lo que había