El aire en el restaurante se sentía viciado, cargado de una presión que asfixiaba a Elyna.
Ella sentía que su cuerpo entero era un manojo de nervios; sus manos, ocultas temblaban con una violencia que luchaba por esconder.
Cada segundo que pasaba frente a ese hombre, el miedo por la vida de Julián Altamirano crecía como una marea negra en su pecho.
Esteban la observaba con esa mirada posesiva, la misma que alguna vez ella confundió con amor.
—¿No te cansas de esto, Esteban? —preguntó ella, con u