Julián notó de inmediato el cambio en la expresión de Elyna. Era sutil, casi imperceptible, pero él ya estaba aprendido a leerla en los silencios, en la forma en que sus manos se tensaban o su mirada se perdía por un segundo de más.
—Bueno, Lucero —dijo entonces, buscando aliviar el ambiente—, ¿quieres acompañar a mamá a ir de compras?
Lucero abrió los ojos con entusiasmo y dio un pequeño salto en su lugar.
—¡Sí, sí! —exclamó—. Mami, vamos a ir de compras, y me compras juguetes, vestidos y moños