—¡¿Qué haces aquí?! ¿Cómo llegaste hasta aquí?! —exclamó Elías con evidente incredulidad.
Su voz retumbó en la habitación, cargada de sorpresa, enojo y algo más profundo que apenas lograba contener. Sus ojos estaban abiertos de par en par, como si no pudiera creer lo que veía frente a él.
Ela estaba allí. Frente a él.
Sus manos temblaban ligeramente y sus ojos ya estaban llenos de lágrimas antes siquiera de intentar explicarse.
—¡Yo te amo! —soltó ella de pronto, como si las palabras se le hubie