Pronto llegó el día de la boda.
Elías estaba frente al espejo en su habitación, ajustando su corbata una vez más. Ya lo había hecho varias veces, pero aun así volvía a hacerlo, como si algo no terminara de encajar.
Su traje era impecable, elegante, digno del heredero de la familia Senegal. Sin embargo, dentro de él no existía la tranquilidad que esperaba sentir en un día como ese.
Observó su reflejo con detenimiento.
Todo había ocurrido demasiado rápido.
Apretó los puños un momento, tratando de