Esteban lanzó el celular con violencia, estrellándolo contra el suelo como si quisiera pulverizar no solo el aparato, sino todo aquello que ya no podía controlar.
El sonido seco del impacto resonó en la sala como un disparo, seguido de un silencio espeso, sofocante, cargado de furia contenida.
Durante un segundo, nadie se movió. El aire parecía haberse vuelto denso, difícil de respirar.
—¡Elyna, no puedes estar con otro hombre! ¡Te lo prohíbo! —rugió Esteban, con la voz quebrada entre rabia, cel