Al día siguiente, Lucero se despertó con una mezcla de ansiedad y esperanza. Cada fibra de su ser estaba concentrada en un solo objetivo: visitar a su padre.
Sabía que él estuvo tan grave, fue un milagro que ahora estuviera mejorando, que su recuperación había sido lenta, y que cada minuto lejos de su lado la hacía sentir un vacío que no podía ignorar.
Tomó un respiro profundo, se arregló con cuidado y se dirigió al hospital, donde todo parecía esperarla con un silencio lleno de tensión y emoció