—¿Dónde está, Johnson? —la voz de Julián era baja, peligrosa
—Lo hemos localizado —respondió Johnson con voz monocorde—. Pero no es lo que esperas. Le sugiero que se prepare. Lo llevaré ahora mismo.
Subieron al coche negro, seguidos de cerca por otro vehículo blindado repleto de guardias armados.
Julián miraba por la ventana cómo los rascacielos de lujo iban desapareciendo, siendo reemplazados por edificios decrépitos, calles sucias y el aire denso de la marginación.
El contraste era un insulto