Lucero estaba sentada en el borde de su cama, con el teléfono vibrando entre sus manos sudorosas.
Había esperado una reacción de pánico, una súplica, o al menos un intento de negociación por parte de Gabriel.
Sin embargo, la notificación que iluminó la pantalla fue como un balde de agua helada que recorrió su espalda.
Leyó el mensaje una, dos, tres veces con una desesperación creciente, tratando de encontrar una grieta en la firmeza de aquellas palabras.
"No te daré nada. Si tienes estas pruebas