Davos salió del auto con movimientos calculados, como si cada paso estuviera ensayado. El aire alrededor parecía volverse más pesado, más denso, como si la realidad misma anticipara la tragedia que estaba por ocurrir.
Levantó el arma sin titubear, apuntando directo hacia Lucero.
Dentro del vehículo, Alma sintió que el corazón se le subía a la garganta. Sus manos comenzaron a temblar mientras observaba la escena, incapaz de procesar lo que estaba pasando.
—¡¿Qué hacemos?! —gritó, con la voz quebr