Elyna miró a Kelly con un odio que no sabía que podía albergar.
—Yo no tengo la culpa de que Esteban Senegal sea tan idiota —dijo Elyna, su voz era un látigo de seda, cortante y precisa—. Él fue quien, cegado por su propia arrogancia, apretó el acelerador sin importarle que llevaba su propia sangre en el asiento de al lado. Él es el único responsable de haber lastimado a Elías.
Kelly intentó replicar, pero Elyna ya le había dado la espalda.
No tenía tiempo para venenos externos cuando su corazón