Mundo ficciónIniciar sesiónAurora permaneció inmóvil junto a la ventana mucho después de que Jacob abandonara la sala, las palabras del hombre seguían resonando en su cabeza.
—Esta noche te espero en el hotel. Era una orden, no una invitación, no una sugerencia. Una orden. Apretó los puños con fuerza, no iba a ir. El contrato era claro. El embarazo sería mediante fertilización in vitro. No existía ninguna cláusula que le permitiera a Jacob cambiar las reglas porque sí. Y, aun así, una sensación de inquietud le recorría el cuerpo. Porque Jacob Alarcón no era un hombre acostumbrado a escuchar la palabra no. Las horas transcurrieron lentamente. A las diez de la noche Aurora seguía encerrada en su habitación. A las diez y media continuaba sentada en el sofá intentando leer un libro que llevaba más de veinte minutos en la misma página. A las once de la noche el silencio de la villa comenzó a parecerle inquietante. Tal vez Jacob seguiría en el hotel. Tal vez pensaría que ella había decidido rebelarse, tal vez... El sonido de una puerta cerrándose con violencia la hizo saltar. Aurora levantó la cabeza, su corazón se detuvo, escucho pasos, si, pasos masculinos, eran firmes, pesados, decididos. Cada uno parecía acercarse más y más a su habitación. No. No podía ser. Jacob estaba en el hotel. ¿Verdad? Los pasos se detuvieron frente a su puerta, el silencio duró apenas dos segundos, la puerta se abrió de golpe. Aurora se puso de pie inmediatamente. Jacob entró, su expresión era aterradora. Llevaba la corbata aflojada y el saco abierto, pero no era eso lo que asustaba, eran sus ojos. Oscuros. Fríos. Peligrosamente enfadados. —Jacob... —¿Dónde estabas? Su voz fue tan baja que resultó mucho más intimidante que un grito. Aurora tragó saliva. —Aquí. —Eso puedo verlo. El hombre cerró la puerta detrás de él. El sonido del pestillo hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Aurora. —Te di una orden Aurora. —No era una orden. Jacob soltó una risa sin humor. —¿Ah, no? —Era una exigencia que viola el contrato que firmamos. La mirada del hombre se endureció. —¿Así que decidiste desobedecerme? Aurora retrocedió un paso. —Decidí respetar el acuerdo. No veo nada malo en eso — Jacob avanzó, ella volvió a retroceder. Él volvió a avanzar. La diferencia de tamaño entre ambos era abrumadora. Cuando Aurora sintió el borde de la cama detrás de sus piernas comprendió que ya no tenía más espacio para escapar. Jacob se detuvo frente a ella, demasiado cerca, mucho más cerca de lo que debería estar. —Mírame. — Aurora levantó la vista lentamente, fue un error. La intensidad de aquellos ojos hizo que el aire desapareciera de sus pulmones. —Te esperé una hora. —Yo nunca acepté ir. —No importa. —Sí importa. Jacob dio otro paso. Aurora perdió el equilibrio y terminó sentándose sobre el borde de la cama. Su respiración se aceleró. —Importa porque existe un contrato. —¿Y crees que voy a permitir que un pedazo de papel me diga cómo manejar mis asuntos? —Ese contrato nos protege a ambos. —No necesito protección. —Yo sí. La mandíbula de Jacob se tensó por un instante pareció perder la poca paciencia que aún conservaba. Entonces ocurrió, apoyó una mano a cada lado de Aurora, su enorme figura la rodeó completamente. Aurora sintió que el corazón le golpeaba las costillas. No tenía escapatoria. No tenía espacio. No tenía aire. Todo su cuerpo quedó atrapado bajo la presencia dominante de Jacob. —Estás jugando con fuego. —Jacob... —Te dije que fueras al hotel. —Y yo te dije que no. La respuesta salió más débil de lo que pretendía, los ojos de Jacob brillaron peligrosamente. —Creo que todavía no entiendes la situación en la que estás. Antes de que pudiera reaccionar, él sujetó su barbilla. No con brutalidad. Pero sí con firmeza. Con demasiada firmeza. Aurora se quedó paralizada. —Estás tentando a la muerte, Aurora. Ella sintió un nudo en la garganta. —No quiero problemas. —Entonces deja de provocarme. —No te estoy provocando. —¿Ah, no? ¿Estás segura de eso? Jacob la observó durante varios segundos. Como si intentara descifrar cada pensamiento oculto detrás de aquellos ojos asustados. Aurora reunió todo el valor que le quedaba. —Prefiero la fecundación vía in vitro. El silencio fue inmediato, peligroso. Jacob soltó lentamente su barbilla. Pero la expresión de su rostro se volvió todavía más fría. —No. Aquella única palabra hizo que Aurora sintiera un escalofrío. —Es lo que acordamos. —He cambiado de opinión. —No puedes hacer eso. —Puedo hacer lo que quiera. —No con mi cuerpo. La tensión explotó entre ambos. Jacob la observó durante varios segundos. Aurora deseó no haber pronunciado aquellas palabras. Porque el hombre parecía estar haciendo un esfuerzo monumental por contener su enfado. —Escúchame bien — Su voz sonó baja, controlada, demasiado controlada. —No vuelvas a desafiarme de esta manera. Todo el cuerpo de Aurora comenzó a temblar, no podía evitarlo, itentó ocultarlo, intentó parecer valiente, pero fue inútil. Jacob lo notó. Por supuesto que lo notó. Siempre parecía notarlo todo. — Jacob, por favor. — Escuchame, no lo repetiré, Aurora, no vuelvas a desobedecer una orden mía. Y no será vía fecundación. La palabra escapó de sus labios. — Por favor Jacob. El hombre frunció el ceño. —¿Por favor qué? Aurora bajó la mirada. —No hagas esto esta noche. El silencio volvió a llenar la habitación, un silencio largo, pesado, incómodo. Por un momento Aurora creyó que él insistiría. Que seguiría presionándola. Que ignoraría por completo sus palabras. Pero entonces Jacob se apartó bruscamente. Como si su sola cercanía comenzara a irritarlo. Se pasó una mano por el cabello oscuro. —Mañana iremos a la clínica. Aurora levantó la cabeza. Sorprendida. —¿Los dos? —Sí. —¿Para los estudios? —Para todos los procedimientos necesarios. Aurora tragó saliva. Intentando ocultar el enorme alivio que acababa de sentir. Había sobrevivido. Al menos por esta noche. Jacob caminó hacia la puerta. Pero antes de salir se detuvo. Sin mirarla. Sin darse la vuelta. —No vuelvas a ignorar una orden mía. — Volvió a repetir el hombre. La puerta se cerró. Aurora permaneció inmóvil varios segundos, después dejó escapar el aire que llevaba reteniendo demasiado tiempo. Las piernas le temblaban, las manos también Se dejó caer sobre la cama. Todavía podía sentir la presión de la mirada de Jacob. Su cercanía. Su voz. Su presencia. Y eso la aterraba. Porque una parte de ella sabía que Jacob era peligroso, pero otra parte... Otra parte mucho más débil y mucho más estúpida seguía reaccionando a él y eso era exactamente lo que debía evitar. Porque Jessica jamás lo perdonaría, jamás se lo dejaría pasar por alto. Aurora cerró los ojos. Imaginando la reacción de su hermana si descubría lo ocurrido. Jessica era capaz de cualquier cosa cuando se trataba de Jacob, de cualquier cosa y si llegaba a creer que Aurora intentaba acercarse a él, o que se acostaron, su hermana.... La destruiría. Sin embargo, lo que Aurora ignoraba era que, al otro lado del pasillo, Jacob permanecía de pie frente a una ventana. Con la mandíbula apretada. Molesto. Irritado. Furioso consigo mismo. Porque durante toda la discusión había esperado sentir indiferencia. La misma indiferencia que había sentido durante los últimos treinta días de matrimonio. Pero no había sido así. Y aquello era un problema, uno muy peligroso.






