Dos meses después
Gracias
El embarazo avanza, y con él, una serenidad que nunca habría creído posible. Nuestra pequeña hija crece, y su energía tranquila colorea nuestros días. Ézran es un marido atento, casi demasiado, pero su solicitud se ha convertido en un dulce hábito. Ha hecho de nuestra casa una fortaleza de bienestar, y yo me siento en ella segura, amada, protegida.
Sin embargo, a pesar de esta felicidad, una pequeña melancolía persiste. Una ausencia. La de un rostro familiar. Mi propia