Mundo ficciónIniciar sesiónÉZRAN
La calma en mí no es la ausencia de tempestad, sino el ojo del huracán. Una focalización absoluta. Lidia ha cruzado una línea que ningún ser sensato habría cruzado. Ha apuntado al inocente. A nuestro hijo. Este acto ya no es de venganza, sino de locura pura. Y a una bestia loca, se la abate.
No le digo nada a Gracias. Su paz, la de nuestro bebé, son sagradas. La rodeo con un círculo de protecci&oa







