Gracias
Nunca he dejado de pensar en ti.
Ni una noche. Ni una sola.
Su voz tiembla, lo justo y necesario.
La luz del fuego vacila sobre sus rasgos, ya no se sabe si llora o si actúa.
— Cuando me dijiste que eras estéril… fue como si el mundo se hubiera hundido bajo mis pies.
Avanza un paso, lentamente. Su vestido roza el parqué, el sonido es casi inaudible.
Pero cada movimiento está calculado. Habla con sus gestos tanto como con su voz.
— ¿Lo entiendes, Ezran? —murmura, con los ojos brillantes