GRACIAS
La mañana siguiente tiene sabor a miel y mar.
Abro los ojos en una luz tranquila, suave como una promesa.
En el suelo, las sombras del follaje dibujan encajes en movimiento, y el viento trae un olor a pan caliente.
Me siento... descansada.
Por primera vez en días, he dormido sin temblar.
Cuando bajo a la terraza, Ezran ya está allí.
Sentado a la mesa, con las mangas arremangadas, vierte café en dos tazas.
El vapor se eleva entre nosotros como un aliento frágil, un hilo sus