GRACIAS
Ya no tengo frío.
Eso es lo primero que noto cuando me ayuda a volver a la habitación.
Con la toalla aún apretada alrededor de mí, siento el calor de su mano deslizarse por mi espalda, justo lo suficiente para guiarme sin poseerme.
El fuego crepita en la chimenea, lo encendió mientras yo me bañaba. Las sombras bailan en las paredes, doradas, apaciguadoras.
En la mesa, la cena nos espera. Dos platos, una jarra de agua, pan aún tibio, y una bandeja donde la sirvienta ha dispuesto arroz, p