GRACIAS
El cansancio me alcanza poco a poco, como una marea suave.
Todo sigue borroso a mi alrededor: las paredes, los sonidos, incluso mi propia respiración.
Ezran me observa, atento, sin decir una palabra. Me conoce demasiado bien: sabe que detesto sentirme dependiente.
Y sin embargo, cada gesto que hace vuelve esta dependencia extrañamente reconfortante.
— ¿Quieres que te ayude a ir al baño? —pregunta con suavidad.
Asiento con la cabeza. Mis piernas aún tiemblan. Pasa su brazo alrededor de m