MARIUS
No he dormido. Ni un minuto. Toda la noche, he visto su rostro. No el de Gracias, no, el de Inès. Sus labios estirados en esa sonrisa que ya no era la suya. Sus palabras resonaban, terribles, irrevocables: «Estoy feliz por lo que le sucede a Gracias. Feliz.»
Me he dado vueltas cien veces en mi cama, ahogado por el silencio, por el recuerdo de su voz. Creí conocerla, creí amarla por lo que tenía de frágil, de herida. Pero anoche, fue una extraña quien me habló, una mujer a la que ya no co