Gracias
Los días que siguen están llenos de idas y venidas, de visitas, de ensayos. Me presenta nombres: familias de las que escucho hablar por primera vez, rostros que parecen estar en todas partes y en ninguna. Explica por qué deben estar presentes, traza alianzas en un mapa invisible que nunca había visto. A veces, me toma de la mano y me muestra cómo desviar una pregunta, cómo sonreír sin ceder una parte de uno mismo.
Me sorprende. Por su sentido del detalle, por la manera en que prevé una silla para mi madre si viniera, por la insistencia en que haya una habitación reservada para las mujeres que viajarán solas. Su previsión no es fría: es una red, una forma de anticipar las fragilidades.
Y yo, me acostumbro a la idea de que el mundo puede aprender mi nombre al mismo tiempo que descubre su propia vulnerabilidad. Aprendo a recibir los cumplidos sin deshacerme, a responder los saludos sin temblar. El tuteo hace que estos aprendizajes sean menos solitarios. Cuando dudo, ya no tengo q