Capitulo 37

Alfa Ava

El agua tibia de la tina me envolvía lentamente mientras me sumergía, dejando que el calor se filtrara por cada músculo tenso y cansado. Afuera, el castillo permanecía silencioso, pero en mi interior una tormenta de emociones rugía sin descanso. Cerré los ojos y acaricié mi vientre con la mano, sintiendo los pequeños movimientos que me recordaban que no estaba sola. Eran dos vidas, dos almas que crecían conmigo, que dependían de mí, y aunque eso me llenaba de amor, también me aterraba
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