Cael sintió el peso de la noche sobre sus hombros mientras caminaba hacia la cámara de madam Merrie, esa mujer enigmática que guardaba secretos ancestrales y poderes que pocos podían comprender. La soledad en la que se había sumido desde la partida de Ava se había vuelto insoportable, y ahora, después de días de insistencia, ella había aceptado ayudarlo a contactar con ella a través de los sueños.
El castillo estaba sumido en un silencio sepulcral, solo roto por el leve crepitar de las velas. E