El ambiente era todo un caos, como si pudiéramos cortarlo con un cuchillo.
Todos pasamos a la sala y estábamos reunidos alrededor de la mesa del comedor, pero en lugar de la usual calidez, bromas y anécdotas graciosas que solía acompañar a nuestras reuniones, el ambiente estaba cargado de preguntas no formuladas y preocupaciones latentes.
Miré a Dante, mi hermano mayor, quien no podía ocultar su furia y su preocupación, y sentí una mezcla de frustración y vergüenza.
Dante siempre había sido el