Kalid asintió, una sonrisa juguetona apareciendo en sus labios.
—Por supuesto, siempre y cuando seas justa.
Ella soltó una carcajada, levantando su taza en un gesto de brindis.
—Entonces, supongo que tendremos que discutir los términos de este "gobierno".
Mientras compartían risas y seguían conversando, ambos comenzaron a entender que aquel encuentro en Abu Dabi fue el inicio de lo que podía ser una relación excitante, y ahora ese momento planeado de parte de Kalid, de llegar a la biblioteca de